Renacer
La abuela Hortencia murió segura de que en su próxima vida ya no iba ser una flor de interior, no iba a estar plantada en una maceta de cerámica fina colocada cuidadosamente en el alféizar de la ventana de la cocina, dedicándose a ver la gente pasar. La abuela estaba segura de que en la próxima vida sería una flor perenne, de esas que crecen al pie de las montañas.
La abuela Hortencia murió segura de que en su próxima vida ya no iba ser una flor de interior, no iba a estar plantada en una maceta de cerámica fina colocada cuidadosamente en el alféizar de la ventana de la cocina, dedicándose a ver la gente pasar. La abuela estaba segura de que en la próxima vida sería una flor perenne, de esas que crecen al pie de las montañas.
Una vez el abuelo tuvo un viaje de negocios a Japón y le mandó una postal del Monte Fuji rodeado de unas flores de un color rosa brillante, a la abuela le parecieron hermosísimas y aprendió que esas flores se llaman Shibasakura y que eran un tipo de musgo que es capaz de expandirse y cubrir muchas áreas.
Entonces, la abuela estaba decida a renacer como una de esas flores y crecer y crecer hasta abarcar el mundo entero.